Afirmaciones teológicas de los niños en el contexto cubano

En Cuba los niños asisten con regularidad a las prácticas religiosas elegidas por sus progenitores. Dentro de este contexto, podemos afirmar que desde la infancia la influencia de la familia y la comunidad marcan un camino teológico en la niñez cubana que definirá luego al hombre espiritual, al haber vivido nuestra propia familia este proceso, que hoy comparto, me permito hacer tres observaciones preliminares.

  1. La primera es que tenemos que diferenciar las afirmaciones teológicas que hace el niño y la niña cubana (es decir sus conversaciones sobre Dios y sus respuestas a su comprensión de la trascendencia, de nuestras propias afirmaciones teológicas en nuestra labor educativa con los niños y niñas en el contexto cubano).
  2. La segunda observación se vincula al contexto socio-cultural donde nuestros niños se desenvuelven.
  3. El entorno y medio ambiente es fundamental para la formación del ethos religioso de todo niño/niña.

I – Experiencias Familiares y Pastorales

Quisiera vincular estas observaciones con mi propia vida pastoral y familiar. Recuerdo que cuando mi esposo era pastor en la Iglesia Presbiteriana- Reformada  de Matanzas Central mi hija se refería (a los tres años de edad) a la congregación de Matanzas como “la familia de mi papá”.

Aquí encontramos todo una interpretación teológica de la Iglesia como comunidad, como familia, donde ella se sentía totalmente integrada.

El amor mostrado por  los y las presbíteros/as de la Iglesia Local era de gran significación para ella.

Sin embargo, recuerda con gran nitidez, un acto de violencia de su padre cuando tenía 6 años, donde ella  conversaba y jugaba con su gran amiga Blanca Margarita en el último banco durante el sermón de su papá. Éste muy molesto, la separó del culto y la subió a la casa pastoral en los altos encerrándola allí. Nunca ha olvidado esa acción y es el único evento negativo de su niñez bien guardado en su memoria.

Allí se produjo la “separación” de la familia de la Iglesia, efectuada ahora por una acción inusitada, inesperada, en el ambiente grato que ella siempre experimentaba. Además – la pregunta que nos hacemos es:

¿Puede una niña de 6 años soportar pacientemente junto con la amiga que había invitado, un sermón para adultos de 20 ó 25 minutos?

Otra de las experiencias es la afirmación  de mi hija en relación con la Iglesia de Versalles que yo pastoreaba. “Me gusta más ir allí” –  decía – “porque hay más alegría”. Mi esposo siempre fue más “pastor –  céntrico” y yo siempre trataba de incluir a los niños y niñas en la liturgia dominical.

El pastor de la Iglesia de Cristo en Matanzas – (Tonito) – predicó su primer sermón en la Iglesia de Versalles cuando tenía 9 años y todavía lo recuerda. Quizás a eso se refería mi hija  cuando hablaba de la “diversión” en la Iglesia Local que pastoreaba su madre.

Otra experiencia, bien hermosa por cierto, fue cuando en la Iglesia Presbiteriana de Matanzas Central me pidieron que tuviera la predicación  un jueves Santo.

Quise hacerlo en forma de una dramatización del pasaje bíblico de Lucas 24 (Caminantes de Enmaús). Pusimos una mesa en el altar con una silla en la cabecera y dos sillas frente a la mesa, y llamamos a la Eucaristía a los asistentes después de la narración bíblica para pasar a participar de la santa Comunión.

Mi hija Greta tenía 6 años y fue la primera persona que pasó a sentarse. Era obvio que se sentía con todo derecho.

Primero: Se usó el método narrativo en el sermón – o sea se contó la historia que ella entendió porque la contamos como si fuera para los niños/as y no para una congregación de adultos.

Segundo: Quien presidía la mesa era la misma persona que servía su comida y alimentos en el hogar. La madre proveedora le sirvió de símbolo de acogida a la Mesa de Comunión.

II – Espacio y Encuentro

Todo esto me ha llevado siempre a valorar dos términos: “espacio” y “encuentro”. Nuestras reuniones eclesiales deben proveer “espacios” donde los niños y niñas se sientan acogidos y aceptados con el mismo amor con que Jesús los recibe en el evangelio. Estos “espacios” también deben repetirse en el hogar. Sin embargo, no siempre es fácil debido a la situación del “habitat” en Cuba, donde muchas de las viviendas no ofrecen el suficiente espacio disponible para el juego y el esparcimiento de los niños/as que muchas veces hace que los mismos escojan “la calle” como el mejor lugar para convivir con otros. Por ese motivo la Iglesia Local debe ofrecer esos “espacios” llenos de colorido, agradables a la mirada y a la estancia confortable; para así poder comunicar el sentido de aceptabilidad y acogida. Esos “espacios” hablan más que toda la enseñanza que podemos dar sobre la Biblia.

Yo recibí a Greta aquel día en la Mesa de Comunión y le di el pan pero no el vino. Ella bajó pero al terminar el culto me dijo – no me diste el vino pero yo sí entiendo.

Ese día me pregunté seriamente si nosotros no somos como los discípulos varones de Jesús que cuestionaron el acercamiento de los niños al Dador de la Vida. Nosotros también limitamos la Acción del Espíritu Santo en las vidas de esos pequeños/as.

A partir de aquel día Greta buscó “el espacio” por sí misma – ya que buscaba sentarse entre los presbíteros gobernantes, Armando y Alfredo Barani a la hora de la Comunión, porque ellos eran como “los abuelos” de la gran familia, y no dejó de tomar la comunión a partir del día de la narración de los “Caminantes de  Enmaús”.

Por esta decisión infantil la Iglesia Local comenzó a discutir sobre la necesidad de dejar que los niños/as que recibían la educación cristiana en la Iglesia Local, fueran incluidos también en el Sacramento de la Comunión. Tenemos que pensar entonces en los “espacios” situacionales y teológicos que les ofrecemos.

La otra palabra es “encuentro”. Ellos y ellas tienen que realizar ese encuentro con el Jesús histórico y el Cristo vivo como presencia constante entre nosotros, como el hermano, el compañero inolvidable. La idea del Dios, únicamente Padre, autoritario, poderoso, inexplicable les dice poco. Las imágenes del Dios  que nos cuida como una madre amorosa y como padre cuidadoso y vigilante, lleno de ternura les facilita el encuentro diario, comprensivo de ese Dios lleno de misterio, pero también de pronta accesibilidad.

El contacto con la trascendencia debe ser concreto, humano, sin abstracciones ni dogmas difíciles de entender a cualquier edad.

Por eso es tan importante para ese encuentro “la comunicación” y la “pedagogía de la ternura”, mostrada en forma tan eficiente por Jesús para que ellos/ellas puedan vivir su propia experiencia de encuentro y contacto.

III – No vivimos en urnas de cristal

Efectivamente, estos encuentros no se realizan en “urnas de cristal” sino en exposiciones diarias y continuas en las experiencias escolares, y en la compañía de sus amigos/as en su barrio y comunidad.

Tenemos que conocer para poder establecer la adecuada comunicación con cada niño/a. ¿Qué está aprendiendo en la escuela? ¿Cuáles son los conocimientos que recibe sobre las relaciones, el medio ambiente, su cultura, especialmente sus raíces culturales?

A veces me  sorprende que podamos tratar de insertarnos en la vida del niño/a, sin haber leído lo que aprende en la escuela, sin saber los aspectos fundamentales de nuestra cultura, en la cual ellos/as están creciendo.

Aún en las clases del Seminario me sorprende ver cómo los/las estudiantes no leen los periódicos y no nos interesamos por los libros de textos escolares o por las obras de nuestros escritores y artistas cubanos. Tiene que haber un acompañamiento en el hogar de la vida académica y cultural de los niños/as, y la Iglesia tiene que ser el lugar donde esos mundos se encuentran, no para confrontarlos, sino para completarlos, didácticamente, profundizando en aquellos aspectos que nos permitan eliminar los dualismos que producen conductas morales bien equidistantes del verdadero evangelio.

En tantas ocasiones he podido observar “la doble moral” que inculcamos  en nuestros niños/as inconscientemente, infringiendo no solamente los diez mandamientos sino la máxima demanda de la vida cristiana …“Ama a tu prójimo como a ti mismo”.  La mentira, la negación del otro, de la otra como ser humano completo, íntegro es casi “el pan de cada día” en nuestra vida cotidiana. Y todo eso el niño/a lo ve y lo oye, lo experimenta mucho más que la lectura devocional y el canto que tengamos con ellos en la mesa o al acostarnos.

No estamos en urnas de cristal pero sí tenemos a nuestro alrededor “espejos humanos” que nos contemplan cada día en forma mucho más penetrante que la Visión del Dios Creador.

En la década del 70´ un grupo de escritores cubanos (Presbiterianos, Metodistas, Bautistas, Episcopales) creamos materiales para las escuelas bíblicas dominicales de nuestras Iglesias. Nos reunimos en “talleres de escritores”, y tomamos en serio todo el currículo de los estudiantes en las escuelas primarias y secundarias para poder establecer la propia conexión entre su vida escolar diaria y las escuelas bíblicas dominicales.

Los cursos fueron preparados en forma ecuménica, contextual y con excelentes elementos de comunicación social y especificidades didácticas comprensivas y contemporáneas.

Estos cursos fueron usados por nuestras Iglesias por más de 10 años. Infortunadamente estos materiales que fueron preparados con gran sacrificio y con una espontaneidad inigualable fueron desapareciendo y solamente quedan algunos ejemplares en algunas Iglesias Locales.

IV – Departamentalización  contra Comunidad.

Separamos constantemente a los niños/as de la comunidad eclesial. Hay que tomar en cuenta las diferencias psicológicas entre ellos/as, pero la separación continua de la familia, del resto de la comunidad  tiene como resultado el establecimiento de “comunidades” apartes de la liturgia, la recreación, las relaciones inter – personales que edifican la vida personal y de integración tan necesaria para la niñez.

Tenemos que buscar alternativas educativas para la generación joven donde se sientan partícipes en la liturgia, la enseñanza y las actividades sociales de solidaridad de cada Iglesia Local.

Estamos también prestando poca atención a los horarios alternativos que la estructura social actual ofrece para el logro de nuestros propósitos educativos (Por ejemplo la Iglesia Cristiana Reformada organiza escuelas bíblicas de vacaciones durante las semanas intermedias de receso de las escuelas – ¡qué magnífica oportunidad se puede ofrecer a las familias para saber que sus hijos/as están en un lugar cuidado, atractivo y seguro durante esas semanas difíciles de llevar para las madres trabajadoras!).

Recuerdo que durante La Campaña de Alfabetización en Cuba en la década de los 60´ donde muchas escuelas se cerraron para que los maestros/as fueran a alfabetizar, la Iglesia Presbiteriana de Cárdenas organizó una escuela de educación cristiana de 6 meses donde se realizó una formidable labor usando esa oportunidad única e irrepetible de enseñanza.

V – Lectura Popular de la Biblia

Tenemos que analizar las metodologías que hoy se usan en América Latina para la lectura popular de la Biblia.

Historias narradas  para hoy donde los niños/as pueden verse a sí mismos como protagonistas de esas historias.

Llaman nuestra atención por las extraordinarias posibilidades que tienen para leer la Biblia a través de la Visión Infantil donde las historias narradas tienen relación estrecha con sus vidas.

VI – ¡Cuidemos el lenguaje!

El lenguaje que usamos tiene un poder formativo extraordinario. Las formas lingüísticas que usamos para hablar de Dios, de Cristo, de la Iglesia, de las relaciones humanas son elementos formadores, o deforman progresivamente los conceptos e ideas teológicas que tratamos de comunicar a los niños/as.

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