Teología y Masculinidad

Por: Prof. Hans Spinder.

Lo masculino no es ninguna esencia, el hombre nace y el varón se hace.

1. Introducció

La reflexión sobre teología y masculinidad puede comenzar con dos preguntas:

  • ¿por qué la mayoría de los fieles en nuestras iglesias son mujeres?

Y la segunda pregunta debe ser:

  • ¿por qué la mayoría de las personas con un cargo directivo en las iglesias son hombres?

Opino que la respuesta para ambas preguntas tiene que ver con la masculinidad tradicional.

Teología y género trata sobre la influencia del género en la vida y en la teología.

La gran mayoría de las contribuciones a la discusión y la reflexión sobre el tema de género viene de mujeres y del lado del feminismo. Son pocos los aportes con que han contribuido los hombres al análisis de la situación de desigualdad entre hombres y mujeres, y a la lucha para mejorar la situación.

La perspectiva de género es más amplia que la de la emancipación de la mujer. Género incluye mujeres y hombres, feminidad y masculinidad, o mejor, feminidades y masculinidades, porque hay una gran variación en las identidades de los seres humanos. Ahora les toca a los hombres.

2. La masculinidad en crisis

El varón y la masculinidad están en crisis. La masculinidad dominante es, según Laura Asturias, “una masculinidad sexista, homofóbica, por lo general racista y, concretamente, patriarcal”.[2] Esta masculinidad ha sido criticada mucho en nuestro tiempo. Es necesario que los hombres reflexionen sobre su realidad, su masculinidad y sobre sí mismos. El mundo está cambiando y los hombres tienen que cambiar también.

Grupos de hombres ya han comenzado a ser críticos de la masculinidad convencional. Hay testimonios de varones conscientes de ser víctimas de las limitaciones regidas por una masculinidad convencional: “Nuestro poder en la sociedad, no solamente aprisiona a las mujeres, sino que nos aprisiona en una masculinidad tan rígida, que mutila todas nuestras relaciones entre nosotros, con las mujeres y con nosotros mismos.” [3] Estos hombres están buscando maneras para cambiar la ideología de la masculinidad y de la situación social.

En su artículo, Laura Asturias es muy crítica sobre algunos grupos masculinos (p.6): no todos contribuyen de manera positiva a la discusión; son en realidad los “hombres de derecho” del movimiento. Ellos no se dan culpables, niegan tener poder en la sociedad y se consideran tan oprimidos como las mujeres.

Pero hay también hombres que trabajan junto a las mujeres: los hombres profeministas. (p.7) En muchos países ellos han formados los Men’s groups, grupos para hombres con el deseo de tener relaciones más igualitarias con los demás y de revisar las imágenes tradicionales de género. Cita: “Queríamos redescubrir en nosotros aquellas características dichas femeninas… pasividad, calor, intuición, ternura, amor, emoción […] que la sociedad había escondido hasta hacernos actuar como robots.”

La descripción del proceso que sucedió en este tipo de grupos mostró que: En su proceso de recreación, se dieron cuenta de que el enemigo común era la masculinidad convencional y procedieron a modificarla. Aprendieron a ser más abiertos, a expresar sus emociones, a estar más cerca de sus hijos y de sus mujeres, y descubrieron el placer de estar más en contacto entre ellos mismos: “experimentábamos las partes más amables de nosotros mismos, nuestras capacidades espirituales y nutricias, nuestra capacidad de querer, la parte femenina dentro de nosotros.”(Caribi, 24)

3. La ideología de género

Hasta ahora los cambios son pocos. La ideología de la masculinidad tradicional (y de la feminidad) está reproducida cada vez en la crianza familiar, en la educación formal, en la socialización en la calle, en los grupos de amigos y en los medios de comunicación.

Para cambiar la ideología no basta una política que promulgue medidas y leyes para promover la igualdad entre mujeres y hombres. En su artículo Ideología de género entre profesionales cubanos[4], Marta Núñez demuestra que los patrones machistas de la ideología de género todavía prevalecen en Cuba, a pesar de la política y de las medidas para dignificar a la mujer cubana, fuertemente promovidas en los últimos cuarenta años. Ella hizo una investigación entre profesionales acerca de temas relacionados con comportamientos de mujeres y hombres en sus vidas cotidianas, como actitudes en el empleo, aspiraciones a ocupar cargos de dirección y la influencia del empleo femenino en sus vidas.

Es evidente que ocurrieron cambios importantes en la sociedad cubana, sobre todo en relación con la participación de la mujer en el empleo, y su habilidad para tomar decisiones. “Ejercer la toma de decisiones no solo conforma en ellas el sentido de poder como seres humanos, sino que les asegura su derecho a actuar independientemente.” A pesar de ese cambio la investigadora tiene que constatar en relación con las mujeres que: “Paradójicamente, también reproducen los patrones machistas de la ideología de género que aún prevalecen en Cuba.”

¿Por qué los hombres no cambiaron? Tiene que ver, según Núñez, con una carencia de flexibilidad en el concepto de la masculinidad cubana: “Los hombres de la muestra manifestaron comportamientos más dogmáticos que las mujeres en materia de ideología de género. Ello se explica porque han sido sometidos, desde la infancia, a patrones más rígidos que los impuestos por la sociedad a las mujeres en sus procesos socializadores para llegar a integrar sus identidades genéricas.”

Las experiencias obtenidas en talleres de género, realizados por el Centro de Estudios de la Mujer, indican una situación similar. A pesar de los avances de la mujer en todos los ámbitos y los cambios culturales positivos en relación con la perspectiva de género, todavía existen orientaciones profundamente diferentes entre hombres y mujeres. [5] Los participantes en los talleres hicieron dibujos, los cuales fueron analizados desde la perspectiva del uso de símbolos:

La presencia de símbolos es diferente: el tabaco, la botella, el carro, la gorra, el dinero, el machete o el cuchillo en el hombre; las flores, las mariposas, los aretes, la casa, la familia y los hijos, los libros y el centro de trabajo, en la mujer. Estos símbolos enmarcan la necesaria compatibilización de roles familiares, personales y profesionales de las mujeres, así como los riesgos de la masculinidad. La violencia y el alcoholismo son males que se asocian más con la identidad del varón.

Cuando en el dibujo de los hombres aparece otra figura humana, generalmente se refiere a una relación extramatrimonial o a la secretaria; cuando en el dibujo de la mujer figuran otras personas, aparecen los hijos, el esposo u otros familiares.

El análisis de las 24 horas de una mujer y de un hombre refleja la orientación diferente entre hombres y mujeres: “En los relojes de los hombres se observa que dedican más tiempo a su cuidado o disfrute personal, manifiestan tener mayor tiempo libre, que dedican a la recreación y a las actividades sociales. Predominan en ellos los roles masculinos tradicionales.”

La conclusión de Julio César González[6], en el número de Temas ya mencionado, es en la misma dirección: “La mítica revolucionaria ha luchado contra las expresiones del machismo relacionado con las mujeres, pero se ha mantenido intransigente respecto a los propios hombres: no se han cambiado los valores de la masculinidad hegemónica. No serán leyes ni disposiciones oficiales las que reorientarán los primeros pasos.”

Entonces regresamos al pensamiento y la ideología de los hombres y a su proceso de socialización como varones. Para cambiar y mejorar el comportamiento de los hombres y para mejorar las relaciones de hombres con los demás, hombres, mujeres y niños, necesitamos que los hombres analicen su ideología de género y discutan entre ellos cuáles son los cambios necesarios.

En distintos países ya existen movimientos de hombres, que quieren cambiar su vida y la vida de la sociedad y de la iglesia. Pero hay muchos obstáculos por superar. Por ejemplo

Hombres que tienen poder tienden a defender y a conservar su posición, con sus posibilidades y privilegios, también en la iglesia.

Muchos varones contemplan el proceso hacia la igualdad entre mujeres y hombres como una pérdida de poder, y por ello, de su virilidad. El miedo nunca ha sido buen consejero.

El miedo por la diferencia, por los otros/las otras. La masculinidad normativa se define en términos negativos: no es femenina, ni homosexual, pero tampoco es negra. Porque la masculinidad normativa es la masculinidad de varones blancos y colonialistas.

4. Motivos

Hasta ahora poco se dice sobre los motivos que pueden provocar y animar a los hombres para cambiar su comportamiento y su ideología de género.

Propongo aquí tres motivos.

1. Un motivo moral

Muchos artículos e investigaciones sobre la masculinidad enfocan las consecuencias del comportamiento problemático del hombre contra las mujeres: violencia, alcoholismo, ausencia del padre en la familia, divorcios, etc. El primer paso en el cambio de la masculinidad es reflexionar sobre agresividad y violencia, sobre el uso del alcohol y el papel de padre en la familia, para hacer justicia a las mujeres y los niños.

La fe cristiana da un impulso extra a ese motivo moral. Los valores de la masculinidad convencional, como el uso del poder, el sentido de superioridad sobre la mujer, el uso de la violencia, la dominación, etc. son diferentes, y a menudo contrarios a los valores cristianos. ¿Cómo usar el poder de una manera humana para el bienestar de la comunidad y los individuos? ¿Cómo desarrollar un estilo de liderazgo, no de dominación, sino de servicio? ¿Cuáles son las alternativas para resolver conflictos sin el uso de la violencia?

Una vida de amor es aquella donde el esposo quiere a su esposa y se ocupa de ella, es una vida de amistades con otras personas y es una vida como padre de sus hijos. Muchos varones son padres ausentes, porque ellos no tienen tiempo para la familia, y en caso de un divorcio muchos varones no saben o no quieren cumplir su papel de padre.

2. Un motivo psicológico

Un análisis del comportamiento problemático de los hombres conduce a preguntas como: ¿por qué los hombres son agresivos y por qué utilizan violencia? ¿Por qué, cuando se separan de su esposa, también se divorcian de sus hijos?

La explicación de esos fenómenos es muy complicada. Pero creo, que algunos de los factores importantes son la deficiencia de reflexividad y la falta de interés en los demás. De ahí que en general los hombres tienen menos interés en las relaciones humanas. En un nivel más profundo se trata de una falta de empatía, esa capacidad que nos permite ponernos de verdad en la realidad ajena.

Desarrollar su empatía puede ayudar a los hombres a entender mejor los efectos de su comportamiento de arrogancia y de violencia contra mujeres, niños, minorías, gente con menos poder que ellos. La empatía ayuda también para establecer relaciones profundas de amor y de amistad. La empatía aporta a la calidad de la vida personal.

3. Un motivo social

El motivo social es la prolongación del motivo anterior: en la vida profesional y en las instituciones políticas y sociales “el asunto”, “las cosas” o “el negocio” son en general más importantes que las relaciones humanas. Es una de las razones por las que las mujeres a menudo no quieren ocupar cargos de dirección en las empresas.

La empatía y el cuidado por las relaciones humanas pueden humanizar y mejorar la comunicación en las empresas e instituciones. Es importante que los hombres, quienes forman todavía la mayoría de los dirigentes en las empresas y las instituciones, cooperen con las mujeres para crear oportunidades iguales para mujeres y hombres, para desarrollar un estilo de trabajo que permita procedimientos y relaciones democráticas y humanas.

5. Teología y Género

Desde la perspectiva de Teología y Género hay algunas tareas para los Hombres:

Hablar y estudiar sobre el concepto de la masculinidad en el contexto cubano. Necesitamos grupos de hombres que se reúnan periódicamente para dar un impulso en este trabajo.

Estudiar el proceso de la socialización y educación de los hombres, y analizar la reproducción de la ideología de la masculinidad.

Desarrollar una visión de la educación cristiana en el hogar, la iglesia y la sociedad desde la perspectiva de género.

Una contribución muy importante a este trabajo es hacer una lectura bíblica desde la perspectiva de la masculinidad.

6. Una hermenéutica masculina

La Biblia viene de un contexto patriarcal, que influyó sobre la tradición cristiana. En la exégesis y en la historia de la iglesia se encuentran muchas ideas masculinas que defienden la posición subordinada de la mujer. La teología feminista ya analizó muchos textos, para demostrar los prejuicios masculinos o patriarcales y para desarrollar explicaciones alternativas.

La tarea de los hombres ahora es hacer lo mismo desde la perspectiva masculina, como hace por ejemplo  Philip Culbertson[7]: él leyó la historia del rey David y su hijo Absalóm desde la perspectiva de la relación entre padre e hijo y cómo David cumple su papel como padre. Se puede leer la historia de Abraham e Ismael desde la perspectiva de varones con dos familias, la de Jonatán y David desde la perspectiva de una amistad masculina muy especial, la de Jesús y sus discípulos desde la perspectiva de la amistad.

Culbertson hace una lectura de los mismos textos que analizó Phyllis Trible, los cuales ella llamó: “textos de horror”, porque cuentan sobre el terror y la violencia contra mujeres.[8] Culbertson dice que hay también en la Biblia textos de horror para hombres, textos que muestran la bancarrota de la herencia tradicional de las suposiciones y definiciones masculinas. Son textos de horror para hombres, porque enseñan cómo nosotros,

los hombres, somos condicionados en una manera errónea para ser padres, para ejercer poder sobre los demás y cuidar nuestras relaciones en la familia y en las amistades.

Estos textos nos inspiran, según Culbertson, en la confrontación con ideas y conceptos tradicionales de ser hombre, que crean tensiones y situaciones de injusticia. Nos inspiran también para buscar alternativas en la manera de ser y de vivir como hombres.


Notas:

[1] El artículo se basa en un texto presentado durante un taller sobre masculinidad y género en el Centro Lavastida, Santiago de Cuba, el 18 de octubre del 2007.

[2] Laura E. Asturias, Construcción de la Masculinidad y Relaciones de Género, Foro: Mujeres en Lucha por Igualdad de Derechos y de la Justicia Social, Ciudad de Guatemala 1997.

[3] Ángels Caribí, Construyendo nuevas masculinidades: una introducción. p. 19. En: Marta Segara y Ángles Carabí (eds.), Nuevas masculinidades, Barcelona, 2000. p. 23

[4] Marta Núñez Sarmiento, Ideología de género entre profesionales cubanos, en: Temas, no. 37-38, abril-septiembre 2004, 24-36.

[5] Inalvis Rodríguez Reyes, Familia cubana: ¿espacio de igualdad o desigualdades? En: Temas, no. 48: 109-118, octubre-diciembre de 2006.

[6] Julio César González Pagés, Feminismo y masculinidad: ¿mujeres contra hombres?, Temas, no. 37-38, abril-septiembre 2004,   4-14.

[7] Philip Culbertson, New Adam. The Future of Male Spirituality.Minneapolis 1992.

[8] Phyllis Trible, Texts of Terror. Literary-Feminist Readings of Biblical Narratives, Philadelphia, 1984.

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