El aprendizaje ecuménico: eje fundamental en la educación teológica de la mujer

Introducción

Es interesante que desde que nosotras como mujeres comenzamos nuestras jornadas de  reflexión teológica, deshebrando las madejas de la Hermenéutica  bíblica, desentrañando los misterios de los dogmas teológicos, y avanzando en las tareas de las transformaciones eclesiales y sociales para la creación de un mundo mejor, uno de los pilares que ha sostenido todas esta novedosa labor ha sido el aprendizaje ecuménico.

Siempre recuerdo que cuando nosotras las mujeres teólogas latinoamericanas nos reunimos por primera vez en 1979 en Méjico, la dimensión ecuménica estuvo presente al reunirnos con mujeres de distinta extracción social y de distintas confesiones, incluyendo  mujeres de distintas órdenes religiosas católico-romanas y diversas denominaciones evangélicas y protestantes. Fue un milagro ecuménico que nos acompaña hasta el día de hoy.

No puede ser de otro modo, ya que nosotras creemos que

 “el aprendizaje ecuménico es lo que ocurre cuando diversas personas, arraigadas en sus propias tradiciones de fe y sus complejas experiencias en relación con su cultura, género, nacionalidad, raza, clase, etc.  se abren y responden a la riqueza de las perspectivas en la lucha de otros, buscando junto con ellos conocer a Dios y ser fieles al propósito que para ellos tiene Dios en el mundo”[1].

Al final de la Sexta Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias en Vancouver (Canadá), celebrada del 24 de julio al 10 de agosto de 1983, una de las ocho áreas priorizadas del programa del CMI fue el Aprendizaje Ecuménico.

Los tres aspectos mencionados como prioritarios en ese proceso son:

  1. Testimonio común, actividades litúrgicas y formación espiritual.
  2. Entendimiento de las tradiciones de otras iglesias y no solamente de la propia.
  3. Alfabetización bíblica y teológica y preparación para el liderazgo ecuménico.

Creo que estas tres áreas del aprendizaje ecuménico han sido fundamentales en el quehacer teológico y la práctica pastoral de nuestras mujeres.

Es evidente que la Sexta Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias en Vancouver marcó una transición en el estilo educacional, que pasó entonces de un aprendizaje basado en la información a una aprendizaje basado en la participación (es decir, del aprendizaje frontal ante expertos al aprendizaje cooperativo con otros). Esto a su vez, condujo a cuestiones de confrontación, reto mutuo y consenso. El énfasis creciente ha sido puesto en ser una comunidad de aprendices para llegar a formar parte de la Casa de Dios (1 Pedro 2).

I         Comunidades ecuménicas de aprendizaje

 Las mujeres hemos estado creando constantemente “comunidades ecuménicas de aprendizaje”[2]. Esta ha sido una realidad en todos los grupos de mujeres organizados para estudiar la Biblia, desarrollar liturgias llenas de un imaginario simbólico colectivo extraordinario, para acciones de fe transformadoras para la búsqueda de la paz, la justicia social, la equidad genérica, el cambio de los dogmas teológicos opresores, el equilibrio ecológico – todo esto enraizado en una espiritualidad llena de espacios sagrados de conmovedora belleza y trascendencia.

 Cada afirmación teológica después de nuestros encuentros, es poesía y ritmo de vida que nos hace ver nuestra dimensión ecuménica como un compromiso serio con un aprendizaje ecuménico que nos haga formar un frente estratégico para avanzar hacia la meta de lograr una iglesia y una sociedad donde mujeres y hombres se realicen como personas, imagen de Dios y sujetos de la historia.

En cada comunidad ecuménica de aprendizaje se repite la experiencia del primer encuentro-taller de profesoras de teología celebrado en San José de Costa Rica del 30 de enero al 4 de febrero de 1944: “Construimos la comunidad de estos días a `partir de la experiencia litúrgica que nos llevó a un peregrinaje a la montaña, donde cada una se auto-nombró para introducirse en ella, pertenecerle. Así pues, éramos brisa, manantial, árbol de raíces fuertes, con frutos altos, con renuevos. Cuerda, mariposa, conejo, senderos, cactus, puentes, rocas, sol y diosas. Gestos de libertad, fuerza, resistencia, abrir caminos, escalar, cruzar, crecer, reproducirse, brotar, brillar…. Vida. Ya en la montaña se hace necesario subir y en el trayecto hacer memoria de las mujeres que lucharon como Rizpa, dando sustento a su pueblo. Bienaventuranzas por los otros y las otras. Pero además, las montañas son volcanes, a veces, mujeres dormidas – Iztaccihuatl – pero que despiertan, hacen erupción cuando es el tiempo.. y no hay quien las detenga. Se recuerda a nuestros pueblos, volcanes emergentes cada día, y también, se hace memoria de las mujeres – volcanes que han dejado huella en nosotras. La mujer busca el dracma perdido y no cesa su búsqueda hasta que lo encuentra, hasta que se encuentra con su propia imagen verdadera. La montaña nos refresca en el cansancio del día y nos ofrece agua – cristalina y pura como la que recibió la mujer samaritana, novedad de vida. Símbolo del bautismo comunitario, unas a otras, renovación y solidaridad desde la hermana. Así en esta caminata, descendimos, inevitable transcurso del compromiso. Pero, bajamos unidas, al mismo tiempo, solidarias con las cargas y las esperanzas. Danzando alegremente, compartimos la luz al depositar los símbolos – pan y el vino en la mesa de la resurrección. Es la fiesta de la vida donde la teología tiene sabor y es gozo en la compañía de todas”.

Todos estos grupos de trabajo y encuentros han sido ecuménicos no solamente porque están constituidos por mujeres de distintas confesiones sino como afirma Letty Russell: “Son grupos ecuménicos porque sus preocupaciones van más allá de una agenda denominacional.  Y aun en los casos en que son miembros de una misma iglesia local, se hacen ecuménicos en la medida en que advierten que las luchas de las mujeres por ser plenamente humanas,  como Dios la creara, van más allá de cualquier barrera confesional”[3].

 II       Liderazgo ecuménico

El principio aplicado por el Dr. Carol J.Schlueter a la homilética feminista es también comparable a la participación de las mujeres en los procesos de liderazgo ecuménico. Carol apunta que “la homilética feminista surge de una comunidad de personas, un número de las cuales son  fundamentalmente mujeres, que analizan el material bíblico en el contexto de sus propias vidas. No surge de individuos escribiendo sermones aisladamente, usando exégesis solitarias. La homilética feminista reconoce lo que yo llamo el Principio del Ganso de Canadá. Los gansos de Canadá vuelan en formación de “V”, y ninguna de las aves se mantiene siempre de líder. En lugar de ello, toman esa posición por turnos. Cuando se cansa, el líder pasa atrás, y otra ave lo sustituye. El bienestar de cada ave es importante para la supervivencia del bando, y mientras más aves comparten el liderazgo, más fácil y seguro será el avance del bando de aves en  su conjunto”[4].

Creo que esta es una contribución muy específica de las mujeres para la adecuada formación de las comunidades de aprendizaje ecuménico.

Salir de los “modelos patriarcales” no es nada fácil. Es correr la aventura de construcción de nuevos modelos con un entendimiento completamente diferente del poder y la autoridad. La cuestión principal es cómo hacer que el poder y la autoridad no estén enmarcados en un paradigma de dominación y subordinación.

Siempre recuerdo a Marie Assaad[5] cuando discutía el asunto del lugar de la mujer en las estructuras de la Iglesia. Siempre afirmaba que deseamos “participación” y no “subordinación”.

Cuando Marga Buhring[6] compartió con nosotras sus experiencia como Directora de una Academia Evangélica en Suiza (Bolderm Academy de Zurich), nos contó los logros y dificultades que experimentó en esa posición por diez años y cómo puedo sobrevivir creativamente en esa labor,  siendo la única mujer – en ese momento histórico – que asumía esa responsabilidad en la Suiza de habla alemana.

Veamos lo que dice nuestra inolvidable Margha:  “¿Cómo sobreviví?  En primer lugar, ciertamente porque tuve el apoyo de la amistad, en especial de dos mujeres amigas. Una de ellas era una colega con quien trabaje en estrecha unión todo el tiempo. La otra, alguien que estaba siempre presente cuando necesitábamos ayuda, pero trabajaba en una profesión diferente. El trabajo en equipo era importante para mí, sin descontar el trabajo en equipo con hombres. El círculo creciente de mujeres alrededor de mí era también importante. Las mujeres muestran una gran capacidad para actuar en conjunto cuando tienen una casa común. También era importante la visión, la creencia, de que el cambio tiene que venir desde “abajo” y no puede ser decretado o impuesto por la fuerza. Igualmente importante fue siempre la referencia a Jesucristo y a la compañía creada por Él, así como la visión de su Reino que viene. Resultaba difícil no perder contacto con la base. Lamentablemente es bien fácil que aquellos que tienen el poder pierdan de vista que detrás de ellos hay también otras personas más jóvenes, que también necesitan poder. Es importante ayudarlos. Estoy profundamente convencido de que tenemos que construir redes o grupos de apoyo en torno a las  mujeres que súbitamente se hallan con poder, de manera que no pierdan contacto con el apoyo de la base. El hecho de que tenemos una posición totalmente diferente no debe distorsionar nuestra visión, y llevarnos a concentrarnos en nosotros mismas y perder contacto con el mundo”[7].

Creo que debemos mencionar los esfuerzos realmente significativos de Loreine Tevi[8], quien dirigiera todos este proceso de aprendizaje ecuménico, precedida por Ulrich Becker. Como director de la Sub-Unidad de Educación en el CMI en 1982, Ulrich Becker organizó un taller en Bossey, del 20-29 de Junio, sobre el tema Educación para un Ecumenismo Efectivo.

En 1986 Loreine Tevi dirigió la “Consulta acerca del Aprendizaje Ecuménico”, de Junio 24 a Julio 9 en el Instituto Ecuménico de Bossey, Ginebra, Suiza. En esta consulta se identificaron varios elementos que son esenciales para el proceso de aprendizaje ecuménico. Los resultados fueron informados a las iglesias.  El informe con los datos, dos consultas y una Guía Práctica para el Aprendizaje Ecuménico con el título de “Vivir unidos”, han resultado un aporte valioso a los procesos de aprendizaje ecuménico en nuestras congregaciones y grupos locales de mujeres.

III       El aprendizaje ecuménico durante la década inolvidable  (1988-1999)

Durante la “Década de las Iglesias en Solidaridad con la Mujer”, el aprendizaje ecuménico  ocupó el centro de atención de todos los “Seminarios sobre la Mujer” organizados en el Instituto Ecuménico de Bossey, Ginebra, Suiza. Éramos un grupo ecuménico de mujeres, afanadas en transformar los sueños en planes. Y así, empleamos el tiempo planeando y soñando a un paso  tan armonioso como  la música, que nos hizo marchar adelante durante diez años de seminarios que hoy son todavía recordados por mujeres provenientes de todas las latitudes.

La tradición que comenzara en 1985 se ocupaba de una variedad de temas, en respuesta no sólo a los énfasis programáticos específicos de la Década Ecuménica de las Iglesias en Solidaridad con la Mujer iniciada en 19888, sino también a las necesidades de aquellas iglesias e instituciones ecuménicas enfrascadas en construir la comunidad de mujeres y hombres en la iglesia y la sociedad.

El primer seminario fue organizado por Priscila Padolina y Anna Karin Hammar (de la Sub-Unidad de Mujeres del CMI).

A continuación algunos ejemplos de los temas y problemas abordados en estos seminarios. La Nueva Lectura de la Biblia, La Espiritualidad de la Mujer, La mujer y el desarrollo económico, Desafíos para las Teólogas Jóvenes, Modelos de Renovación de la Comunidad, Las Mujeres y la Liturgia, Imágenes Feministas en la Espiritualidad Ortodoxa. Hicimos grandes esfuerzos,  no sólo en cuanto a desafiar estructuras rígidas, sino también por llevar a cabo investigaciones serias sobre reflexión teológica, Hermenéutica bíblica y experiencias litúrgicas creativas.

En cada uno de nuestros seminarios de Bossey, las mujeres manifestaron su oposición a la injusta lógica irreversible del actual sistema, a la que Elsa Támez se refiere como “la lógica de la muerte”[9].

El seminario realizado en 1994 (abril 29 a Mayo 8) fue un aporte al proceso que marcara el punto medio de la Década de las Iglesias en Solidaridad con la Mujer (1988-1998). Aquel fue para nosotras el momento de tomar una decisión trascendental.

Las mujeres… ya no más en silencio,

Ya no más silenciadas.

Mujeres que hablan desde lo profundo de su dolor,

Mujeres que desafían la visión tradicional

De la sociedad

De la Iglesia,

De la comunidad,

De nuestra fe.

El mensaje final es todavía válido para todas y todos nosotros, y fue especialmente dirigido a las iglesias e instituciones ecuménicas.

“Llamamos a las iglesias a sumarse a nosotros en nuestra visión y acción para el nuevo siglo. Llamamos a las iglesias a:

  • Colocar la supervivencia y el bienestar de la mujer en el centro de sus programas por la justicia social.
  • Dar a las mujeres acceso a todas las formas de poder para tomar decisiones en la iglesia, y promover este acceso en la sociedad, trabajando junto a los hombres para que el poder se ejerza de formas no abusivas, ni autoritarias.
  • Realizar diálogos y análisis críticos del contexto económico, cultural y político de la vida de cada iglesia, y tomar acciones apropiadas para combatir la injusticia y afirmar los elementos de vida en este contexto.
  • Trabajar para erradicar el abuso de poder y sexista dentro de la iglesia, especialmente por parte de los clérigos t otros profesionales eclesiásticos.
  • Exhortarse mutuamente y en especial a las iglesias de Europa Oriental a participar plenamente en la Década Ecuménica.
  • Rechazar la violencia como solución a las diferencias étnicas, políticas y religiosas,… y donde quiera que se haga uso o abuso de la religión para atizar odios.
  • Revisar las reflexiones teológicas en marcha, así como las acciones de las iglesias con el propósito de eliminar las enseñanzas y estructuras que impiden que la mujer viva plenamente el significado de la igualdad bautismal.

IV       El aprendizaje ecuménico comprende una lógica de vida

Nuestros sueños fueron incluidos en el mensaje final de la Seminario de Visiones de la Mujer, realizado en 1994:

Estamos unidas por un solemne rechazo a la creciente y previsiva violencia contra las mujeres en todo el mundo; por nuestra esperanza en la libertad nacida de la fe en el hijo de María, Jesús, y por nuestro deseo de que exista una nueva comunidad de los seres humanos, la Tierra y todas las criaturas, en el abrazo de Dios.”[10]

Los elementos de la “lógica de vida” que necesitamos para nuestra tarea, pueden definirse mediante los siguientes términos: RESISTENCIA, CREATIVIDAD, SOLIDARIDAD, LIBERTAD y ESPERANZA.

Como señalara María Pilar Aquino: “La teología de la liberación feminista que las mujeres están desarrollando reclama el rescate de la vieja complicidad que existe entre las mujeres, la tierra y la vida. Puesto que la vida es un don de Dios, la tarea teológica que asume la lucha por la vida se entiende asimismo como un don del Espíritu puesto al servicio de la trayectoria liberadora de las mujeres hacia  su plena realización corporal, psicológica, histórica y espiritual. Con esta lucha, las mujeres están diciendo que quienquiera que las haya crucificado, quienquiera que haya tomada la vida de los pobres  y los oprimidos, y quienquiera rija los destinos del mundo, no tiene la última palabra. Su fe les dice que la justicia prevalecerá”.[11]

Durante muchos años hemos sembrado semillas de libertad, dignidad personal y amor. Ahora podemos ya ver las flores brotar por todas partes: en las ciudades, las áreas rurales y urbanas, las iglesias, los hogares, los seminarios teológicos y los campos universitarios. Las flores tienen diferentes colores, diferentes olores.  Con sus diferencias llamativas llenan los prados del mundo, con belleza sin igual, anunciando que la primavera ha llegado. Y la primavera indica que los días de soñar no han pasado. Y con los nuevos tiempos, el cielo muestra un haz de luz que revela una mirada de colores en la distancia: un  arcoiris que proclama desde el horizonte que somos uno en nuestra diversidad. Somos la abigarrada muchedumbre de una unidad que alcanza todas las latitudes de la Tierra.

 


[1]  Alive Together; A Practical Guide to Ecumeniucal Learning. A publication of the Sub-Unit of Education, WCC, Geneva, Switzerland, 1989, p.7

[2] Russell, Letty M. “Ecumenical Learning in Theological Education. A Women´s Perspectiver”. In: God has Called Us, edited by Lynda Katsuno, Kathy Keay, Ofelia Ortega. WCC Publications, 1994, p.37

[3] Russell, Letty. Op. Cit. Pág. 38

[4] Schlueter, Carol J. “Feminist Homiletics: Strategies for Empowerment”, Women’s Visions: Theological Rweflection, Celebration, Action. Editado por Ofeia Ortega; Publicaciones del CMI, Ginebra, 1995.pág.138.

[5] Marie Assaad, líder laica prominente de la Iglesia Ortodoxa Cóptica de Egipto, quien fuera Sub-Secretaria  General del CMI,

[6] Bühring, Marga, “Women in Church Power Structures”. En: Women in Church Leadership, Report of a Workshoip at Bosey Ecumenical Institute, Ginebra, 1986, pág. 26

[7] Bühring, Marga, “Women in Church Power Structures”. En: Women in Church Leadership, Report of a Workshoip at Bosey Ecumenical Institute, Ginebra, 1986, pág. 26

[8] Loreine Tevi, líder laica de las Islas Fiji, quien trabajara en la Sub-Unidad de Educación del CMI en el Departamento de Aprendizaje Ecuménico.

[9] Véase su libro Contra toda condena, la justificación por la fe desde los excluidos, Editorial DEI, San José, Costa Rica, 1991, y su artículo “Now No Condemnation”,(Una meditación sobre Romanos 8) publicada en la Revista Ecuménica, publicaciones del CMI, 1989.

[10] Véase Women’s Visions: Theological Reflection, Celebvration, Actiion. Editado por Ofelia Ortega, Publicaciones del CMI, Ginebra, 1995.

[11] Aquino, María Pilar. “^Perspectives on a Latina’s Liberation Theology”, En: Frontiers of Hispanich Theology in the uuUS, Alian Figueroa Deck. Orbis, N.Y, 1992, págs.37,38.