Llevando a los abuelos el estímulo a la vida

“Llevando a los abuelos el estímulo a la vida”

Meditación sobre la tercera edad.

Por: Ofelia M. Ortega

Presentado en un programa radial el día 30 de junio de 1998.

Texto Bíblico: Lucas 2:36-38

 

Saludos a todos nuestros queridos radio – oyentes.

Hoy vamos a abordar un tema que estimamos es fundamental para todas las familias cubanas, la “tercera edad”; los abuelos y las abuelas que viven y trabajan en nuestros hogares, en nuestros barrios y en nuestras iglesias.

El hecho de que en Cuba el 13 por ciento de la población sea mayor de 60 años y para el año 2010, habrán en el país más adultos mayores que niños y adolescentes constituye un gran logro de nuestro sistema social, pero implica una gran responsabilidad para todos nosotros.

Además, desde octubre de este año 1998 hasta octubre de 1999, será celebrado el Año Internacional de la Ancianidad, con la divisa: Por una sociedad para todas las edades.

Por eso me ha parecido oportuno traerles a ustedes hoy la historia bíblica de Ana en Lucas 2:36-38. Escuchemos la Palabra de Dios:

“También estaba allí una mujer llamada Ana, que hablaba en nombre de Dios y era hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era ya muy anciana. Se casó siendo muy joven, y había vivido con su marido siete años; hacía ya ochenta y cuatro años que se había quedado viuda. Nunca salía del templo, sino que servía día y noche al Señor, con ayunos y oraciones. Ana se presentó en aquel mismo momento, y comenzó a dar gracias a Dios y ha hablar del niño Jesús a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén”.

Nos dice el texto que era muy anciana. Había sufrido mucho, pues quedó viuda a los siete años de casada. ¡Qué mujer ésta. 84 años viuda y, todavía activa… nos dice el texto que servía día y noche al Señor con ayunos y oraciones en el templo.

Este pasaje está en el marco de la presentación de Jesús en el templo por sus padres María y José. Me llama la atención al leer el pasaje bíblico que Simeón guiado por el Espíritu Santo llegó al templo a recibir al niño Mesías, pero Ana nunca salía del templo, es decir su espera era diaria, paciente, amorosa. Ella ya sabía que el Mesías llegaría algún día, y con su vida de oración y servicio acompañaba el proceso de su llegada. Pero al llegar el niño no solamente dio gracias sino que comenzó a hablar del niño Jesús a todos y todas los que esperaban la liberación de Jerusalén. Por eso Ana es llamada profetiza en la tradición neo – testamentaria.

Esta anciana supo continuar la labor comenzada desde su juventud, y se convirtió en la mejor evangelizadora del momento histórico que le tocó vivir.

¿Qué les parece? Así que el problema no es tener 15, 20 ó 90 años, sino cual es la actitud que tenemos ante el anuncio de las buenas nuevas que Dios nos ofrece cada día.

Siempre recuerdo con mucho amor la figura de Dulce Cruell, líder de las mujeres presbiterianas, quien inválida, imposibilitada de ir a la iglesia, desarrolló con alegría “el ministerio del teléfono”, ubicada en su silla de ruedas al lado del teléfono no llamaba para contar sus males, sino para animar y aliviar a otros y otras. O también Herminia Torres, invalida también, quien cada domingo anima desde su silla de ruedas la pequeña Iglesia Presbiteriana de “La Playa” en Matanzas.

Quizás tú conozcas muchos y muchas más, ancianos y ancianas que cada día disfrutan “la alegría de envejecer”. Visítalos, anímalos, rodéalos de amor que les fortalezca en la tarea que realizan.

Como dice nuestro José Martí:

 

¡Se van, se van los viejos!

Ellos son como el ornamento

y la mejor fuente de fuerzas de la vida.

¡Qué ejemplo, un anciano sereno!

¡Qué domador de fieras todo anciano!

¡Cuán bueno debe haber sido

el que llega a esos años altos

sonriendo!

 

Sí, la vejez puede ser un tiempo oportuno para vivir plenamente y para  evangelizar.

La tercera edad se caracteriza por ser un tiempo de plenitud, sobre todo espiritualmente. Así que es la edad apropiada para recuperar el tiempo perdido, y hablar con Dios y con nuestro prójimo, alabar, dar gracias, pedir perdón.

Quisiera terminar con unas palabras poéticas de aliento del famoso escritor Jorge Luis Borges quien escribió a sus 85 años esta hermosa pieza literaria.

Si yo pudiera vivir nuevamente mi vida, …correría más riesgos , viajaría más, contemplaría más atardeceres, subiría más montes, nadaría más ríos.

Iría a lugares donde nunca fui, tomaría más helado y menos sopa.

Tendría más problemas reales y menos problemas imaginarios.

… si volviese a vivir, viajaría más leve.

Si pudiera volver a vivir, comenzaría a andar descalzo en el comienzo de la primavera, y continuaría así hasta el fin de otoño.

Daría más vueltas a mi calle, contemplaría más amaneceres, y jugaría con más niños si tuviese una vida por el frente.

Así que, para todos nuestros hermanos y hermanas de “la tercera edad” va dirigido este mensaje de hoy, estando todos y todas convencidos de que “la vejez, aún la más pobre y mística tiene sus encantos, cuando la vida se concibe no como una carga, sino como un don del cielo”.